 En esas fiestas navideñas, donde todo el mundo nos volvemos buenos, tolerantes, comprensivos... y nuestra mayor preocupación es a quién vamos a invitar a comer, qué comprar, dónde conseguir unos de los mejores manjares... qué regalo tenemos que hacer a nuestros seres queridos, ¿Papa Noel o Reyes?, ¡Para qué vamos a quedar mal¡ regalamos en ambos casos ¡No pasa nada¡ vamos sobrados... Eso sí, siendo conscientes que todo esto lo hacemos desde el Amor.
Pues, ¿saben?, en aquellos momentos en los que uno de nuestros principales problemas era la compra, de forma desenfrenada, en esos instantes, en muchos lugares de nuestro planeta (La Tierra) estaba muriendo un niño menor, un indigente, un anciano que la única compañía que tiene es a “él mismo”, todos víctimas precisamente, de la desnutrición, de no tener un simple techo donde cobijarse del frío, o ¿porqué no? de tristeza por ser capaces de ver cada uno de ellos, las preocupaciones banales de muchos de nosotros
¿Se imaginan a ese pequeño implorando un poco de alimento para poder vencer su inminente muerte, a ese indigente implorando un techo donde poder protegerse, a ese anciano mendigando un poco de cariño? Los “Caídos en el Olvido” no son noticia, no interesan, ya que, son en realidad nuestra propia conciencia y, que la conciencia nos hable en esas fechas navideñas, no es nada bueno ¡Que triste!
Quizá, entre todos podríamos hacer algo, no estoy apelando a ninguna ONG, ya sabemos quién o quiénes tienen la clave para solucionar este terrible y terrorífico problema del hambre y la miseria en el mundo, que no son ni más ni menos que la mayor parte de los gobernantes de este planeta, movido por los egoístas intereses políticos y económicos, robando a los pueblos todos sus recursos y llevándoles al límite de la desesperación e incluso a las guerras permitidas ¡Que impotencia¡
Con esta editorial, queridos lectores, os invito que hagáis una pequeña reflexión.
Desde aquí felicitar a todo el mundo, ricos y pobres, menores y adultos, jóvenes y ancianos, a los con techo y a los sin techo... Al fin y al cabo todos somos seres humanos.
María José Castro |