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Por: Víctor Rocha
 En pleno ojo del huracán “crisis mundial” se nos ha presentado otra dentro de la gastronomía y que todos hemos conocido.
Desde estas líneas, me gustaría dar mi humilde opinión al respecto, ya que como a la gran mayoría de los profesionales, esto nos hace reflexionar a todos.
No les voy a hablar de quien tiene o no la razón y si es correcto o no lo que uno u otro hace o deja de hacer, pero, sí me gustaría incidir en el respeto.
No cabe duda de que lo que Santi ha difundido es digno de admirar ya que respeta al máximo los productos frescos y garantías de calidad que el propio mercado nos ofrece y a estas alturas (me refiero a la elite) es un logro mejorar en todos los sentidos siguiendo una línea tradicional en ciertos aspectos y creativa a la vez sin modificar científicamente los resultados de los platos.
 El caso es que por debajo de él hay cientos de miles de restaurantes en España que siguen la misma línea, con la única diferencia que no están en la elite. De alguna forma se ha hecho líder y representante sin que nadie se lo pida de todos nosotros, de los que todos los días salimos al mercado para ofrecer a nuestros clientes lo mejor de la temporada, lo único, es que yo particularmente, no me siento identificado con la totalidad de sus declaraciones.
Santi no va mal encaminado, ahí está la prueba de sus éxitos, el problema es que se ha equivocado en las formas; ha roto un código de honor que estaba intacto, al menos en España desde hace muchos años, un código de respeto al prójimo y a todos los que nos sentimos identificados por la renovación, por el progreso y por la difusión de las cocinas regionales, autonómicas y Nacional española, ha roto el código de compadreo y de colegas de profesión al señalar con el dedo a quien él piensa que es un impostor y gracias a Dios se ha equivocado, ya que, la polémica ha terminado.
Él con sus 60.000 € en el bolsillo y un escaparate de ONG a quien dice que también le va a dar dinero, aunque yo creo que lo ha hecho por no caer en su propia red; con su primera tirada de libros agotada desde los dos primeros días, y el otro, me refiero al “gran Adrià”, siguiendo en su línea de mejorar y trabajar por la gastronomía española.
Cada vez que Ferràn hace o dice algo, la atención mundial se centra en España y eso hay que agradecérselo a él y a su equipo, Ferràn es una persona humilde que no critica a nadie, que lleva trabajando mucho tiempo y ha hecho de la gastronomía española un éxito rotundo y arrasador a nivel mundial. ¡Que trabaje como le de la gana! Pero que no pare de darnos alegrías por sus éxitos y emociones en lo que hace.
Miles de personas pasan por el Bulli anualmente y todos salen satisfechos, ¿Por qué hacer creer lo contrario por parte de alguien que no ha hecho tanto por la cocina en España? La cocina de Adrià, siempre he dicho que es única y solo él puede hacerla, intentar imitarla o copiarla no nos llevará mas que al fracaso profesional, pero sí tiene herramientas para que cada uno en la línea de lo que hace pueda usarlas en mayor o menor medida, y a eso yo le llamo progreso. Ahora mismo al único en el que te puedes fijar, es él, insisto, no copiar, pero sí seguir de tal forma que sus creaciones motiven a las nuestras, y esto que nunca pare.
Para las nuevas generaciones, creo que será muy difícil poder contar con una figura como la de Ferràn, y no podemos permitirnos el lujo, y me refiero a todos los que amamos a la gastronomía, de perder el tiempo buscando fallos a lo que ha creado Ferràn. Tenemos la gran suerte de vivir una etapa de nuestra vida liderada profesionalmente por un genio en la gastronomía, como todas las etapas, ésta también se acabará y seguramente que dentro de 30 ó 40 años los profesionales pagarían por vivirla.
Vivamos y aprovechemos el presente y, dejemos que en el futuro los historiadores opinen sobre lo que en esta etapa nosotros estamos viviendo.
victor
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