En esta editorial quiero denunciar públicamente los momentos tristes, penosos, vergonzosos e indignos, que como ciudadana de  este país, me está tocando vivir.
Ancianos, jóvenes, hombres, mujeres, niños… recorren los supermercados y grandes superficies a la hora de cerrar para recolectar los alimentos que tienen que tirar. Esta es la compra que se ven obligados a hacer. Su cesta de la compra comprende: manzanas, melocotones, tomates, peras, productos envasados al vacío, lácteos como el yogur, hortalizas, verduras, etc. que tienen los días contados según fecha de caducidad. Cuando ésta vence, los responsables de los supermercados y grandes superficies no tienen más salida que deshacerse de los productos arrojándolos a los contenedores de basura (obligados lógicamente por la ley). Esto ocurre a la hora del cierre. Es entonces cuando esas personas salen a realizar la compra del día, o, con suerte, para el día siguiente.
Esta imagen que describo no es difícil de imaginar, está ocurriendo actualmente, día a día. No es un hecho del siglo pasado o que pertenezca a un segmento determinado de la población, es un hecho actual y pertenece a cualquier parte del país.
 Erradicar la pobreza es posible, únicamente falta un ingrediente en nuestra olla, y éste es “ Voluntad Política”. Tenemos recursos y tecnologías suficientes para ello. La Constitución Española, entre muchas cosas, dice : “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Yo me pregunto ¿dónde está el derecho a la supervivencia de estas personas? y lo más grave ¿dónde está el derecho a su dignidad?
Hablamos de terrorismo como un hecho criminal (que lo es), pero, esta permisibilidad de hambruna, que nuestro gobierno, autonomías, diputaciones conocen ¿no es terrorismo? Pues bien, para mí también lo es. La diferencia está en su nombre, hay quien lo puede llamar: crisis, momentos difíciles... Yo lo llamo “terrorismo anónimo permitido”.
A los señores políticos que no pasan hambre, que en sus cámaras frigoríficas encuentran de todo, que no tienen problemas económicos para llegar a final de mes, que no les preocupa su jubilación, que no entienden la crisis como tal, si no, que la entienden como una “desaceleración transitoria”, sí, a ellos me dirijo, para que nos devuelvan nuestros derechos de libertad y dignidad.
Nota
Esta vez no veréis mi habitual flor ilustrando la editorial. He preferido sustituirla por dos obras de Murillo que creo hablan por sí solas.
María José Castro |