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"Si hablo de lujuria y comida, podría utilizar sólo a reyes españoles"
Por: Belén  Hernández
 
Es una trabajadora nata. Toti Martínez de Lezea se toma la escritura como un trabajo diario de ocho horas, pero con el placer de haber publicado 23 libros en diez años y haber alcanzado más de un millón de lectores. Ahora, con Placeres reales. Reyes, reinas, sexo y cocina indaga en la vida más íntima de la realeza a través del estómago de los comensales. Hoy presentará esta obra en la Librería Luces a las 20:00.

-Placeres reales. Reyes, reinas, sexo y cocina, ¿es un libro para leer entre fogones?
-Para leer entre fogones, en la cama, donde te apetezca. Es un divertimento, una chufla que me permito, que sale porque al trabajar con novela histórica leo mucha historia y revistas especializadas y muy a menudo aparecen cosas relativas al sexo de los reyes. Y como no suelo utilizar ese tipo de material para mis novelas, este libro sirve para recopilarlas. Con anécdotas y recetas de cocina de cada época, además le añado poesía erótica. Quitando dos autores italianos, los demás son todos españoles. Resulta curioso que las palabras más escandalosas vienen recogidas en estos versos.

-¿Por qué ha escogido a estos personajes?

-Si pienso en la temática de la lujuria y la comida podría haber hecho un libro sólo con reyes españoles (risas). La corte española era muy lujuriosa y glotona. Pero pensé que hay personajes bastante lujuriosos fuera de España. Hay gente poderosa, no todos son reyes, como es el caso de Mesalina, la esposa de César, y personajes que tuvieron una vida sexual azarosa, no sólo un amante, sino veinte; o que tuvieron muchísimos hijos, como un califa de Córdoba al que le atribuyen 10.000. Además, intento documentarme y dar nombres propios, algo fundamental para escribir sobre historia y no convertirla en una crónica rosa basada en rumores.

-Estos diez personajes que se recogen, ¿son más comilones o lujuriosos?

-Las dos cosas, vivían de cine: buenas casas, buena mesa y buena cama. Lo que no está al alcance de cualquiera, ni siquiera hoy en día. Hoy sigue habiendo poderosos, grandes empresarios, políticos..., y algunos pueden asemejarse a los personajes de este libro.

-A lo largo del libro el lector se puede plantear cómo todos los ingredientes son susceptibles de ser afrodisíacos...

-Escribiéndolo llegué a la misma conclusión, y es que cualquier ingrediente, hasta unas patatas si estás en una compañía estupenda y una ambientación adecuada, pueden ser afrodisíacas.

-¿Cambia la manera de trabajar en función de la época en la que se recrea la Historia?

-A la hora de trabajar es igual, ya que tengo que documentarme sobre cualquier detalle de la época en la que me baso, incluso como si fuera la época en la que yo nací, ya que hay detalles que conozco pero muchos otros que no, como por ejemplo cómo se vivía o cuánto valía el pan.

-¿Qué piensa de las críticas que recibe la novela histórica calificándola de género menor?

-Me entra mucha risa, porque de alguna manera critican el trabajo de escritores como Homero, Shakespeare o Victor Hugo, y no creo que lo que hicieron sea literatura menor. Sí que es cierto que en los últimos 20 años ha proliferado la llamada novela histórica, pero hasta mediados del siglo XX la novela no tenía subtitulo, daba igual dónde se situase la acción. Luego existe la gente que habla de personajes reales y épocas reales y hace lo que le da la gana, pero es el lector al final el que decide. La novela histórica es uno de los géneros primeros en la historia de la literatura y el más persistente a lo largo de los siglos. Respeto a quien no le guste este género, pero quien lo critica de esa manera dudo que sepa cómo se escribe una novela de manera adecuada.

-¿Hay algún personaje en la actualidad que utilizaría para sus novelas?

-No me interesa en absoluto, probablemente porque estoy documentada. Probablemente cogería a gente desconocida; en casi todas mis novelas hay gente de a pie, campesinos, judíos, españoles, brujas pescadores... Las élites no me interesan, así que no voy a perder el tiempo escribiendo de ellas. Ya tienen sus aduladores personales.

-Después de diez años sin parar y 23 libros, ¿no está agotada de tanto escribir y a ese ritmo?

-Es a lo que me dedico, yo trabajo ocho horas al igual que cualquier persona. Me aburriría muchísimo si tardara cuatro años en escribir un libro. Sería una pesadilla encender el ordenador cada día y encontrarme la misma frase: "Era un día soleado de verano...". Llevo todo el tiempo de mi vida documentándome sobre el tema que utilizo para cualquiera de mis libros. Pero en escribirlo tardo cuatro meses.
 
Fuente: malagahoy.es
 
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